viernes, marzo 20, 2009

GIANNI SCHICCHI, Opera de Giacomo Puccini

Hoy los pasos del Cronopio nos llevan hasta una ópera cómica que Puccini compuso en un acto, sobre libreto de Giovacchino Forzano y que se estrenó en Nueva York en el año 1918. Forma parte del tríptico compuesto junto a "Il Tabarro" y "Suor Angélica"; Gianni Schicchi ha demostrado ser la más famosa y popular de las tres representándose por sí sola a menudo.

Aún siendo una ópera cómica, la pasión de los enamorados Rinuccio y Lauretta hace que escuchando el aria "O mio babbino caro" nos embargue un sentimiento de ternura.

Precisamente, la popularidad de esta ópera se debe a esta aria, cuya inefable interpretación debida a la simpatía e histrionismo de la soprano brasilera Carmen Monarca podemos ver en la siguiente ventana.



Tal vez los lectores prefieran la virtuosísima y muy difundida versión de Kiri Te Kanawa, más elegante y sobria, o la ya clásica de María Callas, pero; mi favorita es ésta, en la que quizás haya un abuso evidente de recursos "showsisticos" en el límite del malgusto, pero el encanto de Carmen Monarcha me supera.

ARGUMENTO
La historia de Gianni Schicchi transcurre en Florencia en el año 1299. Lauretta y Rinuccio son dos jóvenes que desean casarse pero su familia se opone. Lauretta no es aceptada al carecer de dote.

En la familia de Rinuccio ha fallecido Buoso Donati dejando toda su fortuna a un monasterio. Los familiares, reunidos en torno al difunto, buscan desesperadamente el modo de cambiar a su favor el testamento.

El joven Rinuccio asegura que Gianni Schicchi, padre de su amada Laureta, les podría ayudar. Cuando Schicchi se presenta es rechazado por los familiares pues no creen que un simple campesino les pueda ayudar, él se siente ofendido y decide marchar, pero Lauretta suplica a su padre que los ayude ya que es la única forma de que la familia acepte su boda con Rinuccio.
Los enamorados suplican para que les permitan casarse, es entonces cuando Lauretta entona el aria "O mio babbino caro" "Oh, querido padre". Gianni Schicchi, accede a la petición de su hija y avisan al notario.

Entonces decide hacerse pasar por el difunto; vestido con sus ropas e imitando la voz de Donati, dicta el texto de la nueva herencia, Buoso Donati le otorga todos sus bienes a...!Gianni Schicchi!

Cuando el notario marcha, toda la familia se abalanza sobre él llamándole ladrón, pero él los echa, ya que la casa es suya... La familia se marcha, no sin antes hacer acopio de todo lo que pueden. Lauretta y Rinuccio se abrazan: ahora que ya tiene dote, podrán casarse.

O MIO BABBINO CARO
O mio babbino caro,mi piace è bello, bello;
vo'andare in Porta Rossaa comperar l'anello!
Sì, sì, ci voglio andare!e se l'amassi indarno,
andrei sul Ponte Vecchio,ma per buttarmi in Arno!
Mi struggo e mi tormento!
O Dio, vorrei morir!
Babbo, pietà, pietà!

O MIO BABBINO CARO
Oh, mi papaíto querido,me gusta, ¡es tan apuesto!
Quiero ir a la Porta Rossaa comprar el anillo.¡
Sí, sí, quiero ir!Y si le amase en vanoiría al Ponte Vecchio...¡pero a tirarme al Arno!
¡Me consumo y me atormento!¡
Oh, Dios, quisiera morir!
Papá, piedad, ¡piedad!

Fuente:
http://elsilenciodelviolin.blogspot.com/2008/12/gianni-schicchi-puccini-compuso-esta.html

Parece probado que Gianni Schichi fue un personaje histórico, en concreto un ciudadano florentino pariente de la familia Donati y coetáneo de Dante Alighieri. Era un “contadini” (campesino) y por tanto formaba parte de la “gente nueva” que se integraban en la clase social de la naciente burguesía, aunque no eran tolerados por la “gente vieja” aristocrática a los que pertenecía el Dante que, probablemente por esta circunstancia, condenó a su “Infierno” al pícaro farsante. Podemos decir que Forzano y Puccini no comparten dicho punto de vista y, al final de la ópera, Gianni Schicchi arenga al público: “Por esta triquiñuela he sido condenado al Infierno. ¡Así sea! Pero si, con permiso del gran padre Dante, habéis disfrutado esta noche, ¡concededme vosotros el atenuante!”. El argumento de la ópera lo toma Forzano del Canto XXX del “Infierno”, de la “Divina Comedia”, donde Dante y su guía Virgilio descienden al Octavo Círculo donde habitan los “Falsificadores de Palabras, Personas y Monedas” y encuentran a dos sombras que corren atacando a todos los demás.

Virgilio explica a Dante que una de las sombras es Gianni Schicchi cuyo pecado fue hacerse pasar por Buoso Donati para hacer testamento y de esta manera obtener “la reina del establo”. La obra se incardina en una línea argumental que pertenece a la vasta tradición de la literatura universal y tiene sus fuentes de inspiración en dos géneros con acentos profundamente italianos: la ópera bufa y la commedia dell’arte.

Corroborando el aserto psicológico que sitúa a la “alegría maliciosa” como la más profunda de las alegrías, tenían mucho predicamento entre el público las sátiras que reflejaban por una parte las miserias humanas derivadas de la ambición por el dinero, y el engaño que sufrían con frecuencia los avariciosos a mano de los pícaros, como castigo a su desmedida ansia de posesión. Muestras evidentes de la influencia de la commedia dell’arte aparecen en los rasgos similares de los personajes: “Arlequín” se esconde en el personaje protagonista, Gianni Schicchi, prototipo del ingenioso burlador; la pareja de jóvenes enamorados, a cuyo matrimonio se oponen los parientes ancianos, son Rinuccio y Lauretta (“Colombina”); Simone, primo de Buoso y con un papel de cierta entidad en la obra al ser tenida su opinión como determinante por se el más viejo y “en tiempos pretéritos alcalde de Fucecchio”, es el trasunto de “Pantalone”, solterón grosero y viejo: también aparecen las clásicas figuras del pomposo “Notario” y el “doctor de Bolonia”, en la ópera del doctor Spinellochio (pequeño puerco espín), y se citan también “El Capitán Español”y su “Moro”, en la escena del toque de difuntos.

Podemos decir que Puccini cambia radicalmente de registro artístico y realiza una incursión en la comedia con un resultado espléndido que además de mostrar una sorprendente “vis cómica”, parece poner de manifiesto una asombrosa ampliación de su gama creativa que culminaría con Turandot, y por tanto corrobora la consolidación del autor entre los grandes del género. Podríamos señalar que, salvo la música para los dos jóvenes enamorados, el resto de temas y motivos musicales revelan una admirable brevedad y claridad, resaltando el empuje dinámico de sus ritmos incisivos que resaltan la acción, que juega alternativamente con las esperanzas y los temores del difunto Donati. Las maderas y los vientos juegan un papel predominante y la orquesta parece tener como un brillo metálico. La masa orquestal, como es costumbre en el autor, es de grandes proporciones: maderas a tres, incluyendo piccolo, clarinete bajo y corno inglés, cuatro trompetas, cuatro trombones, tres trompetas, arpa, celesta timbales, campana y percusión.

El espíritu cómico de la obra, aunque recorre casi todos los personajes, tiene su expresión más importante en el protagonista al que Puccini dedica tres motivos musicales que, aunque breves, tienen un carácter muy vivaz. Gianni Schicchi tiene dos arias que ilustran perfectamente los aspectos de la personalidad del protagonista. La primera, “Si corre dal notario”, donde el autor introduce los temas del “Notario” y la “Advertencia”, muestra en el Allegro inicial el empuje de Gianni, mientras que el posterior Andante, donde Schicchi desarrollar su plan para suplantar al difunto Donati, pone de manifiesto su humor macabro. La segunda aria, “Prima un avvertimento” es un ejemplo extraordinario de la ironía cómica que despliega el personaje, que comienza hablando a los parientes del difunto en un clima de simulado misterio y termina con una lacrimosa despedida, “Addio, Firenze”.

De los restantes personajes solamente los dos enamorados son objeto de una atención mas singularizada. Las respectivas arias que cantan están imbuidas de la típica línea melancólica pucciniana. Rinuccio canta “Avete torto”, en cuya primera parte el joven presenta a los parientes una caracterización en positivo de Gianni Schicchi para posteriormente, a partir de “Firenze é como un albero”, ir mostrando su esperanza en el nuevo espíritu renovador florentino representado por Schicchi, que se aúna con un himno a las antiguas glorias de Florencia. Y qué decir del aria de Lauretta “Oh! Mio bambino caro”, donde la enamorada saca a la luz todos sus recuerdos de delicadeza y ternura, para suplicar al padre que acceda a sus deseos. Los parientes no tienen un tratamiento singularizado destacando como ensemble el trío de “Zita, la Vecchia”, “La Ciesca” y “Nella”, que es una pieza dotada de singular encanto que alcanza su culminación en la frase “Oh Gianni Schicchi, nostro salvatore”.

Gianni Schicchi, pieza breve y única en cuanto al profundo cambio del estilo del autor, ha pasado a la historia como un ejemplo señero del humor operístico italiano. Desde el breve preludio orquestal se nos invita a sumergirnos sin preámbulo a la vertiginosa acción donde las escenas se suceden con gran rapidez y los cambios de clima son tan numerosos y a la vez fluidos. La comedia comienza sin pausa desde el principio y la llegada de Gianni Schicchi no hace sino realzar aún más su frenético ritmo. Como en todas sus obras el talento teatral y dramático de Puccini se muestra en toda su plenitud para, a la manera de un prestidigitador, alternar de manera maestra los ariosos, piezas solistas, ensambles. De esta manera su magisterio consigue mostrar la otra cara de la moneda, que de manera excepcional es festiva y no trágica.

Fuente

No hay comentarios.: