"... las piezas de un mosaico o de un rompecabezas. La "realidad" es un mosaico que no nos llega todo de una vez en un primoroso envoltorio, sino que nos llega, pieza por pieza...".
Estas palabras me vinieron a la mente cuando estaba promediando mis acostumbradas lecturas de los domingos (Ñ, Fortuna, Clarín, etc.). Notas y noticias leídas completamente al azar, iban formaron ante mis azorados ojos, un inesperado mosaico, absolutamente coherente, dándose mutuamente sustento y sentido.
Primera lectura, entrevista a Zygmunt Bauman (sociólogo, autor de "La Modernidad Líquida"), publicada en la revista Ñ y titulada Un mundo nuevo y cruel.
Segunda lectura, Clarín: En la Argentina, la pobreza se hereda mucho más que la riqueza.
Tercera lectura, nota en Clarín de los Domingos: De pichón de crack a "pibe chorro"
Inmerso en estas cavilaciones apenas advertí cuando del gélido exterior irrumpió en el bar un "chico de la calle" de unos siete años. Recorrió las mesas, entibiadas por el pálido sol invernal de la tarde dominguera. Una moneda, por favor. Recitaba como un mantra, pero sin convicción ni energía. Una moneda por el amor de Dios. Instantes después el guardia de seguridad reparó en su presencia y lo echó con un ademán, como cuando se auyenta a las gallinas.
Esa fue la guinda que coronó el postre.
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