martes, abril 20, 2010

"El Gaucho Insufrible" y "Furia de Titanes"

¿Qué tienen en común el cuento de Roberto Bolaño y una película del género peplum? se preguntará el hipotético lector, si es que los hubiere, género éste que, como el lector avisado sabrá, está basado en leyendas y mitos de la antigüedad.

El último fin de semana me entretuve y gocé de la experiencia de leer completo el libro de cuentos "El Gaucho Insufrible" y de la menos culturoza, pero igualmente entretenida, experiencia de ver "Furia de Titanes".

Al margen de los excelentes efectos especiales y de otros méritos, el argumento de esta peli destroza la verdad mitológica, si tal cosa existe, o por lo menos de la versión de la mitología griega que conocí de niño y que amé y leí con curiosidad y fruición rayanas en lo malsano, tal como si se tratara de una crónica de chismes sobre la vida y actos de los poderosos dioses del olimpo pagano. Homero y Rial un solo corazón.

"Furia de Titanes" comienza mal ya desde su título, ya que el conocedor de la mitología clásica sabe que hubo una guerra entre los Titanes, hijos de Cronos y de Gea (o Urano y Gaia) quienes disputaron el poder de los dioses principales. Luego de una lucha que duró años, los Titanes son finalmente vencidos. Sin embargo, la película trata de la historia de Perseo que es posterior a esta guerra. Hay otras divergencias en hechos y acontecimientos medulares del mito, ya que el argumento nace de una interpretación libre del mismo. No detallaré aquí en que consisten esas tergiversaciones, sino que resaltaré solamente el hecho probable de que las mismas fueran motivadas en pos de aportar al relato, una mayor espectacularidad y legibilidad pensando en un espectador moderno.

Algo similar, o sea el desapego respecto de la "verdad", ocurre con "El gaucho insufrible", cuento que da su título al volumen. El cuento está ambientado en la Argentina inmediatamente posterior al colapso económico producido por la desastrosa gestión del gobierno radical del presidente De la Rua. En él hay una pampa poblada igualmente por gauchos en chiripá y facón al cinto, como por feroces y prolíferos conejos, que han reemplazado a las vacas en el paisaje habitual de la pampa bonaerense. Estos desajustes con la "realidad argentina", lo son en función de crear un clima desopilante y surrealista, acorde al acontecer económico y político de esos años, los cuales no son posibles de relatar en clave realista ya que eso limitaría cualquier posibilidad de comprensión. ¿Cómo es posible compatibilizar en una misma Argentina real, el ex granero del mundo, los asaltos a los supermercados, el estado ladrón apropiador de los ahorros de los ciudadanos, la inmensa e inmoral transferencia de activos de muchos hacia las arcas de unos pocos, la tibia reacción de la clase media que se limitó a pacíficos, demasiado pasivos, cacerolazos, etc.?

Así se funda un mito, el de un país de película cuya historia parece haber sido escrita como el guíon de un film peplum por un mitólogo magistral.

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