Ayer, mientras mi camioneta Toyota se deslizaba fiel y segura por las calles de Buenos Aires, sin visos de fallas que ameritaran un recall, pensaba que el universo todo está en un proceso de degradación y que sus habitantes, sino todos, su gran mayoría, están cayendo en un vórtice de inexorable lumpenización.
Mi afición por la lectura, rayana en el vicio, me ha puesto en contacto con una de las infinitas realidades que transcurren, paralelas, a mi pequeño mundo privado y cotidiano, y que; por obra de una fisura en su lisa y tranquilizadora superficie me fue dado atisbar.
Todo vicio o comportamiento adictivo, tiene a la larga sus consecuencias, y la adicción a la lectura, si bien no está catalogada como tal, no está exenta de las típicas secuelas sobre la salud, la economía, el ámbito laboral y social del adicto, perdón, del lector.
También conlleva la exposición de ciertos riesgos, de los que están a salvo los que no comparten la adicción. Como ser el trato con los dealers, léase vendedores de libros, especialmente, la subespecie que comercializa libros usados o de oferta.
Desde que los síntomas de la enfermedad de leer, no olvidemos que un adicto es un enfermo, se agudizaron, mi ya exiguo presupuesto fue menguando llevándome a recurrir a los libros usados y de ocasión a fin de mitigar el impacto sobre mi mermada economía.
Los sitios de subastas y ventas online me han proporcionado una fuente de libros de bajo costo, la mayoría de ellos en muy buen estado, y; en el peor de los casos en un estado aceptable de higiene y legibilidad. Sin embargo, los periplos que emprendí para llegar a los ansiados volúmenes me han puesto en contacto con una inesperada geografía humana y urbana.
Casas medio derruidas cuyos ocupantes justifican su estado aludiendo un dudoso proceso de remodelación, construcciones cuyos mejores momentos transcurrieron en épocas muy lejanas, míseros habitáculos en antiguos barrios de clase media, invadidos ahora por inmigrantes ilegales y ocupas, convertidos en zonas abandonadas y en franca decadencia.
El más reciente de estos inquietantes viajes a la otra realidad me llevó al barrio de Flores. Un vendedor, que por extraña coincidencia se autodenomina "Libros del Otro Lado", anunciaba el libro "Una novelita lumpen" de Bolaño al irrisorio precio de dieciocho pesos ($18) cuando en Cúspide Libros, ese mismo volumen editado por Anagrama está a ochenta y dos ($82). Otros títulos publicados por este dealer en MercadoLibre: "Silencio" de Clarice Lispector ($20) y un libro que agrupa los poemarios "Tres" y "Los perros románticos" de Roberto Bolaño ($25). No me fío de la exactitud de mi memoria, la que, probablemente; haya equivocado o intercambiado los precios.
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