Leyendo a Eduardo Galeano, me enteré que Emily Dickinson, la máxima poetisa estadounidense, solía escribir cartas y enviarlas por correo a su cuñada, que además era su vecina.
Desde la segunda mitad del siglo XIX, cuando Emily escribió sus 1800 poemás, de los cuales en vida sólo permitió publicar un puñado, los tiempos no han cambiado mucho.
Hoy continuamos enviándole mails hasta a nuestros vecinos de escritorio.
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