Mi hija no habló hasta los 5 años.
Fue como si hubiese nacido a medias. Como si hubiese estado suspendida al borde de un umbral, indecisa de transponerlo.
Y, así, de esa manera, me pregunto ¿Habrá estado hasta esa edad comunicada con el origen de todas las cosas? Sin decidirse a nacer del todo. A abandonar el "otro" lenguaje y reemplazarlo por este otro, el de este lado, tan lleno de limitaciones, ambiguedades, de imposibilidad de transmitir nada.
Hasta que, finalmente, a sus 5 años comenzó a relacionarse con el mundo y sus idiomas. Hasta entonces se movía como en un limbo, siempre sonriente. Como si nada de este mundo la tocara. Y ella apenas tocaba nada, como si todo lo que existiera a su alrededor, incluso sus juguetes, sus cosas mas queridas, las tuviese de prestado. Como si nada le perteneciera. Como si algún día tuviera que devolverlo todo a su auténtico dueño. La recuerdo acariciando los objetos con candoroza delicadeza, mirando todo con asombrada inocencia. Creo que fue todo lo feliz que puede llegar a ser una niña.
Un día decidió pasarse enteramente a este lado, de "nuestro" lado. No se si por propia decisión o porque ya no tenía otro remedio. Acaso habría olvidado cómo regresar por donde había venido.
sábado, julio 29, 2006
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